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La brujería en la Edad Media

 



Eran comunes en la Edad media las persecuciones a las llamadas brujas. muchas veces simplemente eran mujeres que se salían de la línea común, de lo establecido, de lo moralmente correcto. Otras veces, mujeres totalmente ajenas a esas acusaciones simplemente eran denunciadas por vecinas envidiosas, o personas que las querían quitar de en medio.


   Independientes, autónomas, autodidactas o seguidoras de una tradición milenaria pero no políticamente correcta y que no seguían la moral aceptada, que era la establecida por la Iglesia católica u otras confesiones religiosas.


   La costumbre de perseguir a las consideradas como «brujas» es una de las «costumbres» de la Edad Media que más se conocen y más se han retratado en el cine. Recordemos la existencia de la Santa Inquisición, la institución que fue creada en Francia en el año 1184 y que se extendió a varios países de Europa y América hasta 1808 cuando fue abolida por Napoleón Bonaparte en España, último país en practicar esta doctrina en la que se mataba a mujeres acusadas de brujería.


   Para guiarse sobre quien era bruja y quien no, se utilizaba el Malleus Maleficarum, también conocido como el «martillo de las brujas». Este abominable texto originario de Alemania describía todo tipo de torturas, que debían ser practicadas sobre aquellas mujeres que practicaban la brujería, para conseguir su con fesión.

   Este macabro libro, fue escrito en 1486 por los inquisidores dominicos Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, en obediencia a la bula papal de Inocencio VIII Summis desiderantes affectibus (1448), que instó a investigar y perseguir brujas.



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